la tinta besa la piel, su paso deja erizadas expresiones, marcas indelebles, caracteres y espacios, rastros que se hacen palabras. Max Römer Pieretti

viernes, 23 de enero de 2015

La valquiria Brunilda

A mi hermana Frances

Mi hermana es Brunilda, la valquiria de Wagner. De voz potente, de casco cornado, escudo y espada, larga melena oscura, así como la define la mitología. Capaz de curar a los heridos, de darles nueva vida siempre entonando sus himnos -dulces y rítmicos- y, a la vez feliz por seguir en la batalla.
Digna hija de Odín, su belleza cautiva, y se pliegan hombres y mujeres ante ella por la fortaleza moral de sus actos. Poseedora del anillo de los nibelungos, que guarda oculto bajo las aguas del Rin, su mayor secreto es la fuerza de una docena de hombres y su don de la transformación. De pronto es Brunilda la guerrera, la cantora, y más tarde, a atardecer, es cisne, mansa, así, hecha de tranquilidad sobre las aguas de su río, esperando la oportunidad para volver a cantar, curar o reír a carcajadas batiendo su cabellara al viento.
Defensora de las causas perdidas, plegada a los afligidos dispuesta a darle cura a todo, desde ballenas con halitosis, hasta colibríes con artrosis en las alas, pasando por infundir ánimo germánico, potente, apasionado, directo a quienes lo necesiten.
Su amor por todo y todos es de tal magnitud que no existen palabras para describirlo. Igual te enteras que estuvo atendiendo adoloridos, como sabes que es capaz de emprenderse valientemente a golpes con un guardia si ha maltratado injustamente a un indigente.
Pura bondad, pura beldad, esa es mi hermana Frances “Brunilda” la valquiria de Wagner.