la tinta besa la piel, su paso deja erizadas expresiones, marcas indelebles, caracteres y espacios, rastros que se hacen palabras. Max Römer Pieretti

domingo, 16 de marzo de 2014

El escriba sentado

A mi Celia

Últimamente me siento como el escriba sentado de Egipto. Así, hierático, con la mirada clavada en el lector, con dolor de cintura, dormidas las piernas, los ojos ya cansados de mirar el papiro.
Se me pasan los días y la sensación crece. Me voy envolviendo en caracteres, espacios, en palabras que deben decir y no sé si dicen, esperando un dictado, o tal vez una inspiración léxica o morfosintáctica que me saque de las estructuras paradigmáticas de todos los días.
No sé si les pasa a mis amigos. No soy capaz de voltear a ver qué hacen. Solo espero que el papiro no se agote, ni se me agoten las manos, ni las ideas, ni quien me dicta o quien me lea. Solo espero eso, que haya tiempo para escribir, que no me duela la espalda, que me quede tiempo para desentumecerme y así, salir al encuentro de quien sé me escribe y lee del otro lado de la mesa, a ti que con palabras entornadas en párpados, en miradas de reojo cuando dejo éstas letras sobre este espacio.

Max Römer Pieretti

Madrid, 16 de marzo de 2014.  

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