la tinta besa la piel, su paso deja erizadas expresiones, marcas indelebles, caracteres y espacios, rastros que se hacen palabras. Max Römer Pieretti

domingo, 16 de marzo de 2014

El escriba sentado

A mi Celia

Últimamente me siento como el escriba sentado de Egipto. Así, hierático, con la mirada clavada en el lector, con dolor de cintura, dormidas las piernas, los ojos ya cansados de mirar el papiro.
Se me pasan los días y la sensación crece. Me voy envolviendo en caracteres, espacios, en palabras que deben decir y no sé si dicen, esperando un dictado, o tal vez una inspiración léxica o morfosintáctica que me saque de las estructuras paradigmáticas de todos los días.
No sé si les pasa a mis amigos. No soy capaz de voltear a ver qué hacen. Solo espero que el papiro no se agote, ni se me agoten las manos, ni las ideas, ni quien me dicta o quien me lea. Solo espero eso, que haya tiempo para escribir, que no me duela la espalda, que me quede tiempo para desentumecerme y así, salir al encuentro de quien sé me escribe y lee del otro lado de la mesa, a ti que con palabras entornadas en párpados, en miradas de reojo cuando dejo éstas letras sobre este espacio.

Max Römer Pieretti

Madrid, 16 de marzo de 2014.  

martes, 11 de marzo de 2014

Ojalá que te vuelva a ver

A Hans, mi padre, a sus 80 años menos 9 días


El abrazo fue intenso. Muy sentido. Atrás se desdibujó el malestar de años. La fortaleza de la espalda ya cansada y curva por los años se plantó en la fuerza de su paternidad. Su bigote penetró con fuerza de alfileres mi mandíbula barbada y dejó un beso. "Ojalá que te vuelva a ver". Sonó a sentencia, a posible lápida, a enojo con la vida porque acelera el paso y se va yendo.
Un sentimiento de no te vayas papá, quédate que quiero vivirte como nunca antes. La orfandad se abrió como una grieta y me tragó de pronto. Primero la madre, se nos fue por cuotas, consumida, acabada. Ahora, sin final escrito, el padre me deja una incógnita, un deseo abierto, un ojalá te vuelva a ver. Un deseo de su parte que hice mío. Un yo también apurado. Y se fue andando, así, con su maleta a rastras, perdido entre los guardias del aeropuerto de Barajas.
Firme, estoico, determinado a seguir siendo ejemplo me dejó, en un par de días, un repaso de las lecciones de toda una vida. Un recuento con corolario de la fuerza del brindis bávaro. Alzar una cerveza, mirando a los ojos con certeza y deseando al otro eso, que todo sea lo mejor para ti.
Ojalá volvamos a vernos. Ein prosit! Ein fragen Sambol!

Max Römer Pieretti
Madrid, 10 de marzo de 2014.