la tinta besa la piel, su paso deja erizadas expresiones, marcas indelebles, caracteres y espacios, rastros que se hacen palabras. Max Römer Pieretti

lunes, 11 de noviembre de 2013

Veladuras

Veladuras son las que nublan mi vista. Veladuras que, de variopintas, van desvelando. Será que los ojos se van despertando más lento de lo que lo hago yo.  Esta mañana, por decir una, mis ojos no veían que me afeitaba, era un acto más bien táctil, lleno de brumas, unas que, de repente, me dejaban así, perplejo, con la espuma sobre la cara, con la cuchilla recorriendo en su ras. Las veladuras se multiplican en vaho, en cristales mojados, en empañaduras que se interrumpen en frenéticos galopes de gotas que surcan violentos hacia el suelo. Un goteo que se hace charco, que deja abierto el grifo para que la mirada se pose en mis pies apenas dibujados. De pronto todo se disipa, se convierte en salpicadura, se transmuta en mojado, enjabonado, en lustre que aleja nubarrones. ¿Qué nos importa la niebla si estamos mirándonos de ojos abiertos?