la tinta besa la piel, su paso deja erizadas expresiones, marcas indelebles, caracteres y espacios, rastros que se hacen palabras. Max Römer Pieretti

martes, 29 de marzo de 2011

Te llevo dentro

Ayer
al ir de compras
declaraste tu sentir emocionado
una territorialidad reclamada con bandera y todo
una pasión por mi

Otra declaración
esta de copropiedad
en un frenesí de ser juntos uno solo
en un amarse que se sabe correspondido y a la vez
cuidadosamente celado

En ese amarnos de espacios intercelulares
abarcarnos en las sinapsis neuronales
en lo sistólico del bombeo postdiastólico

Ubicados dentro como estamos
generados en nosotros
reflejados en el espejo de la coquetería del maquillaje
y el nudo matutino de la corbata

martes, 22 de marzo de 2011

Y van más cafés

Recuerdo ese día del primer café. Sentía la voz temblorosa, aunque los pasos no flaqueaban, sabía que el recorrido se nos haría eterno, cinco minutos que se quedaron en este solo latir en el  que se suceden nuestros cafés. Los más, son los que bebemos bajo las sábanas, acomodados de domingo, acurrucados de sueños, arrullados de cobijo de juntos.
Los días y sus cafés son particulares. A pesar de las cafeteras y la precisión del aroma, los días son como esa taza de cada día. Parece igual, pero siempre sabe diferente. Hay días que la taza sabe a despertarse; otros, a mantenerse despierto; los demás, a viva el día y gracias a este café por ser tan café.
A veces pienso, amor de mi vida, que las tazas determinan el día y otras, que es el día el que denomina a la taza. Hoy, por decirte este hoy que lees, pensé en ello. En que sería yo el que determinara la taza. Planeé todo. Desde la afeitada hasta el sabor del café. Dediqué un tiempo de la noche a configurar ese sabor que me acompañaría y me diría de ti todo lo que quería que me subrayases.
Me quedé con ese te quiero melodioso, con esa sonrisa que te aparta los labios de los dientes y se queda perpleja en un aleteo que va directo hasta mi y se posa suave en la almohada del día.
Luego, el café del mediodía, ese fue de brindis por ti. Me quedé en el remolino que hizo la cuchara y me fui hasta esa espuma barrida a los lados de la taza. Los ojos se me quedaron clavados y la memoria se fue a ese café. Ese, al que leíste el borde de leche pegado a la porcelana y con voz determinada dijiste: te quedas en Madrid.
También hay días en que el café es un pretexto. Un pocillo caliente con el que desentumecer los dedos para tenerlos tibios y poder darte la mano al andar. Ese andar que es compás y que es picardía, que se suma a ese beso que es abrazo y risa que se mira en beso otra vez.
Y así, van más cafés, como este que se hace teclas, que se queda en este papel.

jueves, 17 de marzo de 2011

Tengo una foto tuya

Tengo una foto tuya
en esa foto tuya
tienes cara de quererme
estás asomada en la cámara
le sonríes con los ojos al lente
sabiéndome detrás
del otro lado

En esa foto tuya
sonríes con el alma
dejas espacio para mí
para que nos tomemos otra foto juntos
para que me abraces y te abrace
para que llenemos el portarretratos del cuarto
dentro de un rato
o tal vez ahora.

Hay días

A las pausas que no tienes

Hay días
como hoy
en que te veo agobiada
sin sosiego
sobrecargada
cansada

hay días
como hoy
que quisiera desconectarte los problemas
que desearía verte ser tu
que si fueses vestida de sol
también yo sería feliz

hay días
como hoy
que sé que quisieras ser revolución
acabar con todo lo molesto
correr cuesta abajo
mientras gritas de hastío

hay días
como hoy
en los que necesitas este abrazo

lunes, 14 de marzo de 2011

Ese brillo

ese brillo
es redondo
una luna creciente
que tilda al rosa
que me ilumina el día
que siempre sé que está
que cuando habla se mueve
se hace provocaciones
invita a la sonrisa

ese brillo marca tus labios
y, aunque no lo ves
lo sabes poderoso
me lo regalas en las noches
me da la bienvenida al día
se me esconde cuando bebes café
y reaparece cuando bajas la taza

domingo, 13 de marzo de 2011

La levedad del ser

En el oficio de callejear
ese que tanto te gusta
ese del compartir en paseos
en una de esas de mirar lo que otros leen
de fijarme en los gestos
en el vestir
tropecé los ojos con Kundera
arropado por las manos de una joven
que no despegaba la lectura
ni en los vaivenes más furibundos de los vagones

Fue como ver a un amigo
una visión de siempre
saber que las manifestaciones de mayo
se volvían a leer
que el afecto encerrado
se liberaba de repente
ver que lo insoportablemente leve
es testigo de lo subterráneo de Madrid
que pasea su aroma de papel y tinta
que se deja respirar
me llevó a sentirte esa noche sin sueño
habla que te habla
que se hizo madrugada
que se convirtió en día
que vimos aparecer la ciudad
luego de que se desarropara de sus nieblas
y se llenara de la cabalgata de autos
para ser una sola voz admirante de lo leve